sábado, 15 de diciembre de 2012

EL MOLINO DE BOTERO

Hoy es un día muy importante en la vida de nuestra tía María y de toda su familia especialmente de mi prima Amparo, su marido Manolo y sus hijos Jose y Oscar. Hoy abren EL MOLINO DE BOTERO, al público.
Después de cinco años de lucha contra los problemas burocráticos de todas las instituciones posibles, después de dejarse parte de las ilusiones por el camino truncadas por los trámites absurdos y reiterativos, hoy lo han conseguido.
Donde crecieron Amparo, M. Jesús y M. Carmen, hoy es una preciosa casa rural. 
Donde se molía el centeno al persistente sonido del agua y las piedras, hoy es un precioso bar con cristales en el suelo para ver pasar el agua.
El conjunto un museo etnográfico.
¡FELICIDADES, lo habéis conseguido!.
A nosotros ya no nos tocó vivir aquella experiencia, pero la conocemos perfectamente. 
Sabemos como nuestro abuelo Francisco, el Mazaroco, emigró a Argentina a trabajar y conseguir dinero para poder dar de comer a sus ocho hijos. 
Sabemos como nuestra abuela Concepción atendía, como todas las sanabresas, de la época, su familia, su casa, su ganado... y junto con las hijas, el molino. 
Sabemos como pasaban miedo nuestras madres siendo jóvenes, durmiendo muchas noches sobre los sacos de centeno. 
Sabemos de sus penas recorriendo los pueblos en busca de clientela. 
 Sabemos toda aquella historia tan difícil, tan bonita, que hoy nos une en un sentimiento familiar lleno de alegría.
Luego apareció Pepe, el botero. ¡Que gran personaje!. Se estableció, tras un acuerdo con la familia, en el molino y a partir de entonces aquel lugar se llamó EL MOLINO DE BOTERO.
 A su lado María, sonriendo todos sus gestos, apurándole en la faenas, queriendo como nadie a su familia. Pepe, con sus ingenios, sus habilidades, pero sobretodo con su sencillez, su alegría, su franqueza, su robustez, y su cariño para todo el mundo aquel lugar solitario se convirtió en una parada imprescindible al pasar por sus inmediaciones. Cualquiera que fuera a San Ciprián o Cerdillo paraba en el Molino; pero si no ibas a ningún sitio también ibas al Molino, a que te haga un cinto, un bolso... o a tomar una cerveza y charlar con él.
Y hoy, su hija Amparo, con toda su familia empujando, lo ha conseguido. No sabes Amparo lo orgullosos que nos sentimos todos los Mazarocos y cómo deseamos que tengáis mucho éxito, que seguro que lo vais a tener.
Un fuerte abrazo.

1 comentario:

  1. Suerte estuvimos alli en navidad y todo muy bonito,

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