viernes, 14 de marzo de 2008

Trefacio, los nietos y el cuaderno azul

TREFACIO, LOS NIETOS Y EL CUADERNO AZUL


 


 


Estoy en Trefacio, como la mayor parte del tiempo, cada mes, en los últimos meses.


Con nosotros tenemos a Pablo, nuestro nieto mayor, hijo de María. (Digo que es el mayor porque para Julio esperamos a Ángel, futuro hijo de Alejandro y Mabel). Pablo es como un regalo de la vida. A nuestros cincuenta y pico, ha venido a ser como un manantial fresco después de una caminata; como encontrarte la primera “pascua” de marzo a la orilla de un caño o del río, tan fresca, tan atractiva.


Por las mañanas oímos surgir su vocecita en la casa, siempre de buen humor, que parece despertarlo todo y nos arranca la primera sonrisa, el primer beso, el primer abrazo…


Después la agenda del día depende, en gran parte, de él. Es lo más importante que tenemos aquí.


Está descubriendo Trefacio y creo que le gusta. Le gusta correr por la calle y ver que hay gatos y perros sueltos; y que la gente le habla; y que no hay prisa; y puede jugar con cualquier cosa… Le gusta el río y se queda embelesado mirando el agua en la presa del pueblo. Le gusta ir a la finca donde están los caballos y aunque todavía le dan respeto ya empieza a familiarizarse con ellos; pero sobre todo le gusta ver a “Cala”, su perra que la llama insistentemente. Tal vez fue una de las 10 primeras palabras que aprendió a pronunciar, su nombre.


Y luego, en casa, jugar y jugar con nosotros. ¡Cómo lo estamos disfrutando!.


Ahora Pablo duerme y yo, en su ausencia, hago esta pequeña reflexión.


Dentro de muy poco, si Dios quiere, estará con nosotros el segundo nieto. Y, tal vez en el futuro haya más.


Me siento enormemente feliz de haber recuperado mi tiempo y mis orígenes. Poder disfrutar de todo lo que me rodea, que fue lo que me vió crecer: las montañas, el río, las calles, la gente: mi pueblo. Y pienso en ellos, en mis nietos. Me gustaría que ellos también lo disfrutasen y lo quieran. Que se sientan vinculados a él. Que lo quieran, como yo. Me gustaría que hereden el cariño hacia las cosas pequeñas de la vida que aportan las mayores dosis de felicidad. Me gustaría que sintieran el orgullo de proceder de aquí. Que conozcan nuestras costumbres. Me gustaría que a ellos les guste, algún día, traer a sus nietos y transmitirles estos mismos deseos.


Tengo un cuaderno azul, de esos de espiral de alambre, que ya va a cumplir una decena de años conmigo, en el que apunto cada peseta que  hemos invertido en Trefacio y San Justo, y, aunque ya está bastante deteriorado, por el uso, hoy más que nunca, tiene sentido en mi vida. Es el cuaderno que el abuelo utiliza para amarrar a nuestros nietos a esta tierra. Será el legado de todo el cariño que deseamos que le tengan  a todo lo que está siendo nuestro presente y algún día será el suyo.


Gracias Pablo y Ángel, y los que vengan más adelante, porque vosotros ilumináis el futuro de nuestra vejez, el presente de nuestras vidas. Por vosotros merece la pena llenar las páginas de nuestro cuaderno azul.


 


 



1 comentario:

  1. Gracias Papá por tus letras para mi pequeño; gracias por estar ahí al pie del cañón con todo, con mi hijo y con mis cosas...Espero que Pablo y Ángel aprendan todos los valores que aprendimos nosotros a vuestro lado. Se que estos días no le faltará de nada y le sobrará de lo más importante, vuestro cariño. os quiero, te quiero.

    ResponderEliminar